lunes, 9 de mayo de 2011

La vida es bella

Dirección: Roberto Benigni
Protagonistas: Roberto Benigni, Nicoletta Braschi, Giustino Durano, Sergio Bini, Marisa Paredes, Horst Buchholz, Lidia Alfonsi.
Guión: Roberto Benigni
Dirección de fotografía: Tonino Delli Colli
Nacionalidad: Italia
Año: 1997
Duración: 115 minutos
Premio especial del jurado Festival de Cannes
Candidata a 7 Oscar en 1998.

Argumento:

Italia, 1939. Guido Orefice, un joven judío que trabaja en el hotel de su tío mientras sueña con poseer una librería, y su amigo, el poeta Ferrucio, viajan por la Toscana. Guido se enamora fulminante, loca y apasionadamente de Dora, una profesora local, a la que bautiza como Princesa. “La vida es bella”, de esta manera, arranca como una idílica comedia ubicada en la Italia de Mussolini. Guido, pese a la religión católica que profesa la gentil Dora y al hecho de que ella está prometida a un aburrido oficial fascista, Rodolfo, con el que el soñador mantiene un par de desafortunados encontronazos, la corteja con éxito. Pero la feliz historia sufre un inesperado giro. Y nada prepara al espectador para el shock que le espera en la segunda parte de la película, cuando la familia que Guido, Dora y su pequeño Giosué han formado es detenida y enviada a un campo de concentración. Una vez allí, pese al horror y la desesperación, Guido idea con determinación un plan: defender a su pequeño hijo de la barbarie, crueldad y brutalidad imperantes en el campo de exterminio fascista. Así, Guido persuade al confiado pequeño de que todo es, en realidad, un enorme y formidable, aunque extraño, juego en el que ambos deben participar para competir por el máximo premio: un tanque real, reproducción del de juguete que Giosué atesora como su posesión más preciada. La fantasía y energía aparentemente inextinguible del padre convencen al niño de estar inmerso en el juego más grande y excitante jamás soñado. La meta final de Guido es lograr mantener intactos los sueños del niño, hacerle creer que la vida es bella y que vale la pena vivirla con alegría. Por todo eso, “La vida es bella” comparece como una comedia y también como una tragedia. Y, escribiéndola, dirigiéndola e interpretándola, Benigni ha conseguido lo casi imposible: crear una comedia a partir del Holocausto judío y erigir un manifiesto de afirmación de la sociedad y la vida en un lugar y momento históricos que simbolizan la muerte de todas las relaciones sociales.

Material de análisis

“El miedo a la libertad” de Erich Fromm:

Este libro intenta explicar los aspectos de la crisis contemporánea de la civilización occidental relacionados con la libertad del hombre. Una crisis que ostenta diversas manifestaciones, de las que Fromm destaca dos para sus fines analíticos: su expresión política (el fascismo) y su expresión sociocultural (la creciente estandarización de los individuos en las sociedades avanzadas). Ambas manifestaciones de la crisis no son más que formas colectivas de evadir la libertad. El análisis de Fromm va dirigido precisamente a esclarecer esta paradoja a través de un examen del significado de la libertad para el hombre moderno y de sus intentos de rehuirla.

 “Si esto es un hombre” de Primo Levi:
Uno creía haber visto y leído suficientes testimonios del holocausto judío y de la barbarie nazi durante la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, “Si esto es un hombre” ha resultado ser algo inesperado, insólito en mitad de tanta amargura, de tanto odio y de tanta sangre.
El libro de Primo Levi no ahonda en la masacre; no escarba en las tumbas de los asesinados; no se recrea en los sufrimientos de los presos de los campos de exterminio. El italiano prefiere (y el título ya debería haber dado pistas de ello) tratar de profundizar en el hecho, quizá, más inhumano de todo el proceso: cómo un hombre puede arrebatar a otro todo indicio de humanidad, toda muestra de civilización. Uno no se esperaba algo así y, aunque no sería justo afirmar que otros testimonios son menos veraces o estremecedores, semejante verdad ha resultado ser dolorosa y causante de reflexión.
Levi narra su internamiento en Monowitz, un campo de trabajo dependiente del de Auschwitz, a comienzos de 1944. Pronto comprende que aquello no es sino una ruleta rusa, una suerte de juego cruel en el que puede morir cualquiera, un microcosmos de miseria, de horror, de injusticia y de maldad. Las descripciones de los trabajos que son obligados a llevar a cabo los presos, de los castigos a los que se los somete, de las condiciones de vida que mantienen, son tan espeluznantes que sorprende verlas narradas de una manera tan expositiva, casi tan desapasionada. Levi, como hemos dicho, no se recrea en los detalles sórdidos o macabros, sino que describe con pulcritud ese proceso que, poco a poco, aunque con extraordinaria rapidez y eficacia, priva a los seres humanos de su condición de hombres para convertirles en esclavos.
Obviamente, en una novela de este calibre el estilo no es determinante, pero el escritor da en el clavo al narrar acontecimientos de forma objetiva (si así se la puede denominar). Los métodos que los alemanes utilizaban para alienar a sus cautivos eran refinados, cuidadosos y, por ello, absolutamente terroríficos. El mundo que se creaba dentro (y en torno a) los campos de concentración era una muestra palpable, y así lo quiere reflejar Levi, de la degradación que puede alcanzar el hombre. Sin embargo, también se dan indicios de la importancia que algunos concedieron a preservar su humanidad de tal hecatombe moral, y constituyen algunos de los momentos más preciosos y emocionantes del libro.
Como añadido, se incluye al final del libro un apéndice en el que el propio autor contesta a una serie de preguntas que, a lo largo de las presentaciones que hizo, le formularon algunos interlocutores, y que, lejos de ser superfluas, presentan algunas reflexiones verdaderamente interesantes. En suma, un libro duro, terrible, pero quizá por ello necesario.

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